lunes, 25 de marzo de 2013

Reafirmación


Bueno, ha pasado mucho mucho tiempo desde la última vez que escribí. Hay motivos de peso al margen de ser más vago que el suelo, pero por fin me ha dado por retomar esto. Y lo hago con un concepto un tanto difuso, que podría ser una matización de todo lo que he comentado anteriormente, incluso una consecuencia. Me gustaría puntualizar además que con todo lo que me ha pasado últimamente he podido llegar a sacar incluso más y mejores conclusiones, he intentado aplicar todo de lo que hablaba, y estoy contento de haber aprendido que no estoy del todo equivocado (al menos respecto de mi mismo, ya que todo esto puede no ser aplicable a nadie más, que creo que sería lo más lógico), y que se puede utilizar todo. Eso si, hay cosas que son jodidamente difíciles de poner en práctica, lo cual hace el camino a veces un tanto cuesta arriba. Aun así, me voy a servir de esto como herramienta para reencontrar ese camino, para encontrar esa colega esquiva llamada “Normalidad”, que todos tenemos en mente, pero que dudo que hayamos experimentado nunca. ¿Qué es normal? ¿Cuándo hemos estado bien del todo? ¿Realmente es sinónimo de felicidad? Pero bueno, tal vez esto sean reflexiones para otro momento, vamos al tajo.

Lo que yo entiendo por reafirmación, aplicado a la resolución de conflictos internos y problemas, que parece ser la temática que más me ha empujado a escribir, no es más que una ampliación de la “observación” de la que hablaba en el post anterior.

Parte de una búsqueda casi sistemática que tenemos todos de un refuerzo positivo por parte de los demás y de nosotros mismos. Más bien una necesidad. Siempre nos hace mejor el día saber qué hacemos bien, si estamos más o menos guap@s, vamos por el buen camino o somos apreciados por los demás. Pero tal vez ese primer refuerzo debe partir de nosotros mismos. Y nos hablo a un nivel superficial, mirarte al espejo cada mañana y decirte: “Estás to bueno, eres un crack y lo partes ahí donde vayas”. De hecho esto solo lo puedo visualizar o a lo American Psycho o en modo choni poligonero.

Todo esto va más de un examen de conciencia, a lo largo de una resolución de tus conflictos vitales, sobretodo si son especialmente cañeros. Nuestro momento vital suele crear una perspectiva limitada, pues tu mismo te limitas a tu nivel consciente para interpretar lo que te pasa. Pero a veces no viene mal hacer un esfuerzo y mirar en lontananza (no es muy aplicable esta expresión, pero me gusta tanto que me muero por colarla en algún sitio) y ver si realmente estás como estabas. Podría simbolizarlo el crecimiento del pelo. Tu un día piensas que estás igual que el anterior, y que el de antes, y así sucesivamente. Tu mierda mental es igual de grande, tus problemas igual de opresivos y tu avance cercano al 0 absoluto. Además, no te ha crecido nada esa melena lustrosa que tanto deseas llevar.

Pasado un tiempo, sigues teniendo esos mismos pensamientos, esa misma obsesión. Es momento de hacer ese examen de conciencia, de mirar atrás y asegurarte si realmente estás como estabas, si no ha habido ningún cambio. Estoy prácticamente seguro de que algún cambio hay, de que aunque sea leve, has mejorado en alguno o varios aspectos. Sin darte cuenta, te miras al espejo como cada mañana, y joder, tienes un pelazo que te cagas.

Ese es el motivo de que vea importante tomarse un tiempo en reflexionar sobre las pequeñas victorias conseguidas. Ninguna guerra se ha ganado en una sola batalla, se necesitan muchas, grandes y pequeñas, mucho esfuerzo. Así que en el momento de agobio máximo, ese momento en el que te preguntas “¿Cómo puedo seguir así?”, gírate y mira si realmente estás como antes. Y aun es mayor pérdida de tiempo si lo cuantificas con tiempo, pues este tipo de cosas no van al peso. Superar algo de ocurrido en un instante te puede llevar media vida, así como una situación de años te puede durar un fin de semana de fiesta.

Como dicen los ingleses: It’s up to you.