Todo esto no es más que la repetición de cosas que todo el mundo sabe, pero que cada vez parece que se empecina más en ignorar. Ese camino fácil no va a obtener resultados a largo plazo, como mucho a corto o medio. Por una sencilla razón, los problemas hay que superarlos, de forma consciente, activa y voluntaria. Y aquí es donde considero que entra el trabajo mental, aunque no deja de sonarme a libro chungo de autoayuda.
Me parece que una forma bastante efectiva de superar un problema es ser capaz de controlar la influencia que tiene sobre nosotros. También es la forma más complicada que encuentro, porque implica esa actitud activa frente al mismo. He ido probando en mi mismo una serie de caminos, y nunca es el mismo el que mejor corresponde a la situación. Lo define la intensidad de la perturbación que sentimos, porque todo sentimiento se trata de una perturbación.
Para un caso leve, lo mejor es cogerlo de frente y trabajar en lo que antes he comentado de aceptación, pragmatismo y demás. Por qué esperar a ver si pasa, si aunque duela, podemos agarrar el toro por los cuernos, y después de un par de ostiazos contra la barrera, conseguimos tranquilizarlo. Para eso lo más importante es saber hacer un examen de tu situación y evaluar cuanto puedes aguantar. Así sabremos si lo que nos ocupa es un caso grave, con lo cual tendremos que buscar una salida.
Aquí llegamos a lo que para mí es la parte más importante del trabajo mental. Y se trata de saber parar la mente cuando nos sea necesario. Parece algo muy utópico y complicado, relacionado con la meditación, dejar la mente en blanco y demás. No voy por ahí, es algo que no controlo ni he sabido hacer nunca, aunque tampoco me he planteado el hacerlo. Así a priori y sin práctica, no creo que nadie pueda dejar la mente en blanco (la típica coña del: a ver… mente en blanco, mente en blanco… ¡ya está! Oh no, eso es pensar… ¡ya está! Oh no… zZZzzZZzz). He encontrado mucho más productivo pensar intensamente en otra cosa, ya sea positiva, negativa o indiferente.
La imagen sería la siguiente: tu problema te ocupa toda la cabeza, como un telón de fondo, una masa viscosa al final de tus pensamientos, que late y emponzoña todo lo demás. Mientras estás activo, trabajando, estudiando, incluso viendo la tele, no es más que ese ruido de fondo, molesto pero inevitable. Pero en el momento en que vuelves a pensar en ello, se convierte en un estruendo, te ataca los nervios y comienzas a dar vueltas y vueltas a todo vertiginosamente. El momento más propenso al día para mí siempre ha sido por la noche, antes de dormir (de ahí el nombre del blog), y es cuando no existe ninguna distracción más que la que tú te proporciones. Entonces comienza el verdadero trabajo mental. Esa idea perjudicial comienza a tomar proporciones hercúleas y tu vida se convierte en una mierda. Pero el fallo lo veo en dejar que crezca. Es como si tuvieras unos “ojos mentales” que ven todo lo que ocurre en tu cabeza, este problema está fuera de la vista. Si miras a un lado lo ves de reojo, pero no tienes porque girarte y enfrentarte a él. Aun no. Mira de reojo, y siente tu reacción. Si ves que no lo puedes aguantar, te hierve la sangre y no puedes soportarlo, vuelve la vista al frente, a lo que sea. Lo que te haya pasado en el día, lo que te apasione, lo que tienes pensado hacer al día siguiente, cualquier cosa que te haga reflexionar. Si es algo bueno y bonito (y por qué no, barato), mejor que mejor. Solo con el esfuerzo de pensar en eso, ya estarás consiguiendo una distracción importante, aunque no llegues siquiera a pensar en el tema en sí. Y con suerte y algo de cansancio, te dormirás en el proceso.
Y así, vas repitiendo eso hasta que llegue el día en que lo puedas mirar de frente. Tal vez sea algo paulatino, poco a poco podrás girarte un poco más en esa dirección. Pero dos cosas están claras, ese día llegará, y tú puedes con ello (incluso intentar aprehender esto puede ser una distracción).
También puedes aplicar esto para parar círculos viciosos de pensamiento, sobre todo si no te llevan a ninguna conclusión nueva. Cuando llegues más de dos o tres veces al mismo punto, memoriza el resultado, y en cuanto sientas el comienzo de la misma cadena de pensamientos, trata de saltar directamente a esta conclusión. Al par de veces de hacerlo, desecharás con facilidad esa línea de pensamiento, y te ayudará a limpiar la mente de la sobrecarga.
En conclusión, mediante un trabajo mental fuerte y activo (que se consigue rápido y fácil con práctica) puedes ir superando lo que sea, dentro de unos límites humanos, no me voy a erigir como el Solucionador 3000 de Traumas Mentales. Solo tienes que practicar el ser capaz de superarlo cuando seas lo suficientemente fuerte para eso, que sí que lo proporciona el tiempo casi de forma gratuita, pero siempre siendo consciente de que los problemas no se esfuman, nunca, ni con tiempo, ni con distracción, tienes que trabajar en ello, así como un raspón en la rodilla no se cura solo, sino que el cuerpo tiene los mecanismos necesarios para conseguirlo.