En
esta entrada voy a hablar sobre una cuestión a la cual el dicho “es fácil
decirlo, pero no hacerlo” le encaja perfectamente. Si ya la gran mayoría de
cosas sobre las que hablo son complicadas de llevar a buen puerto, o de poner
en práctica, esta ya se lleva la palma.
Durante
mucho tiempo, y cada vez más con el discurrir de los años oigo en mi entorno
una sentencia inapelable: pero es que yo soy así. Yo mismo la he mentado muchas
veces, no estoy al margen, pero desde la perspectiva que da escucharla en lugar
de decirla, he comenzado a pensar en el verdadero significado de eso.
Nuestra
vida es una sucesión de logros, superación de problemas, trabas, complejos; y
cada caso alimenta nuestra forma de ser tal y como la conocemos en el instante
de pensarlo. Todos hemos sobrellevado una situación incómoda pensando “joder,
esto hace X años no lo habría hecho ni de coña”. Y cada vez tengo más claro que
el peor enemigo siempre somos nosotros mismos. Esas dinámicas de acción
y pensamiento que conforman nuestra forma de ser, son a la vez la máxima
definición y la faceta más perecedera de nosotros mismos. Esas dinámicas dictan
como te sueles comportar, como reaccionas ante situaciones, la forma en la que
creas o destruyes posibilidades a tu alrededor. Y por todo esto, ¡me declaro
enemigo acérrimo de las dinámicas negativas! Porque hemos de diferenciar entre
las positivas y las negativas.
Evidentemente,
una dinámica positiva es la que te lleva a conclusiones que te favorecen, todos
esos aspectos de tu vida que has mejorado con esfuerzo, y que han creado una
inercia por la cual cada vez es menos complicado continuar la marcha.
Pero
esa inercia también se da en las negativas. Si me dieran un euro por cada vez
que he escuchado “es que yo soy así, y eso no se puede cambiar”, por lo menos
tendría… 10 o 15€. Vale, no son muchos, pero si lo transformamos en personas
abandonadas a si mismas, pues la cosa cambia. Y tampoco tengo tantos amigos
como para llenarme la cuenta del banco. Estoy bastante harto (y me incluyo como
primer causante de mi desesperación) de que el ser de un modo impida tu avance. Si hay algo que no te gusta, pues
cámbialo – qué fácil de decir, ¿no? – y continua trabajando en ello hasta que
estés satisfecho. Joder, es que soy un perro: pues haz algo, lo que sea. Joder,
es siempre me pasa lo mismo: tal vez lo atraes, por tu forma de actuar y pensar
¿qué debería cambiarlo?. Rejoder, es que este tipo de cosas son mi pan de cada
día: pues amigo, cambia de vida, porque si tu pan de cada día solo genera
quejas y malestar… Y cuidado, lo más fácil siempre es abolir el cambio, y
dejarse llevar por la bola de mierda. De hecho, la inercia que antes comentaba
tal vez sea más fuerte que en una dinámica positiva. Vivimos en un mundo que es
más fácil ir hacia abajo, siempre hacía abajo (y me ahorro la cantidad de
chistes crueles que se me han ocurrido).
Además,
estamos en un momento de cambio general, a nivel social, económico, mental. Qué
mejor momento para favorecer esa transición. Además, en la mayoría de los casos
se habla de una determinada conducta, que cuantificando en años, no llega al
30% de una vida. Que sí, que hay ciertas edades más determinantes que otras;
que sí, que fue una época corta pero muy intensa. Todo eso está muy bien, pero
cuando hablas de tiempo pasados en esos términos, casi los consideras como
traumas (o sin el casi), y los traumas también se curan. No vas a estar toda tu
vida girando en torno a algo que ocurrió, si puedes evitarlo. Además,
relaciónalo con la entrada anterior, examina tu evolución y tu progreso, y
verás que vaya… ya no eres como el chavalín ese tímido de mostacho incipiente
(joder, ¿por qué no me lo afeité antes de la foto de la orla?), sino que has
roto una cantidad de dinámicas que siendo Mr. Gillette no te hubieras imaginado
(hasta la foto, que quedará para siempre, puede tener una pequeña visita de San
Photoshop).
Como
conclusión, y aunque suena a tópico, puedes ser quien quieras ser. Pero como
siempre, es cosa tuya. Además, si no lo eres aún… tal vez estás demasiado
cómodo teniendo cosas de las que quejarte, en lugar de ponerle solución.
“Be water,
my friend” (Ya sé que no pega, pero siempre queda resultón citar al Sr. Lee)