Llevo
unos días pensando en el por qué de muchas de nuestras acciones. De por qué nos
comportamos de un modo u otro según la situación, si responde a un patrón menos
inamovible que nuestra forma de ser (aunque ya trataba en la anterior entrada
que no es tan inamovible) o si por el contrario es hasta fortuito.
Por
todo esto he llegado a una pequeña conclusión, que no es ni más mi menos la
típica dicotomía presente en todos los aspectos de nuestra vida, en todas las
culturas: bien y mal, yin y yan, 7A o Nigthstick (esta solo para frikis).
Dentro de nosotros mismos tenemos dos aspectos, dos facetas contrarias que
conforman nuestro todo. En función de cual de esas dos facetas nos domine más,
nos comportamos de un modo u otro. Y lo más interesante es como influyen esas
facetas en los demás, ya no tanto en nosotros mismos. Exteriorizar esas facetas
es el proceso de interactuar con el resto de personas, de animarlas o
desanimarlas. Y también debemos tener en cuenta cuanto nos afecta cuando
proviene del prójimo.
A la
primera de estas dos la he llamado faceta creativa o constructiva. Es evidente
que es la que contiene el positivismo y la esperanza, las ganas de hacer cosas,
y la confianza en que saldrán bien. Esta faceta la tenemos que potenciar lo
máximo que podamos, eso tan fácil de decir, como siempre, pero no de hacer.
Pero como comentaba antes, se puede ver alimentada por el resto también. Y no
digo que debamos rodearnos solo de gente positiva, eso parecería un episodio de
la casa de la pradera o algo así. Mejor reforzar a los que conocemos para
ayudarles a nivelarse, y que sea algo recíproco. Además es la que deja la mente
libre para crear, la que te hace disfrutar de las cosas, la que genera
felicidad y dicha, que así a botepronto suena muy cursi, pero en el fondo hasta
el más oscurito de los metaleros intenta encontrarlas.
Pero
en el fondo la que más me interesa analizar es la que denomino como faceta
destructiva. Es la que más salta a la vista, y la que más rabia da, la verdad.
Cuantas veces nos hemos encontrado con un pensamiento reiterativo que nos ha
minado el ánimo, que ha conseguido hacernos desistir de una empresa, o que
incluso ha generado una situación insostenible. Es muy difícil luchar contra
ella, porque llega a ser enfermiza, y tinta todo de gris, o de negro incluso.
Y lo
más importante para mi, es la más peligrosa cuando te llega desde fuera. Esas
personas que responden al típico “no te hace ningún bien” o “cambias para mal
cuando está”. No quiere decir que la persona en cuestión te ataque y someta voluntariamente, sino más bien
que en lugar de alimentarse de lo bueno para reforzar su faceta creativa, se
retroalimenta con lo negativo, sacándote “la energía” y manteniendo la
negatividad. He visto casos muy jartos de gente que sin darse cuenta, necesita
pisar alguna cabeza para no enfrentarse a sus miedos. Si te machaco, no me
centro en lo que tengo que solucionar de mi mismo. Podría confundirse con puro
egoísmo, pero yo lo veo más como una mala elección del camino. Para que tomar
el duro y cansado trayecto a través del autoexamen, mejorando cosas que te
hacen verdadera falta, si puedes tirar por ese callejón oscuro y corto en el
que dejas un par de cuerpos semimutilados a base de puyas. Siempre he
encontrado además esta actitud como inexcusable. Porque estoy mal, porque no me
encuentro bien, porque me ha pasado tal o cual putada… no te exime de tratar
con respeto. La línea que nunca debes cruzar está justo antes de la esencia de
la otra persona.
Por
eso también animo a cualquiera que vea este tipo de casos a ayudar en el
refuerzo de esa faceta constructiva para eliminar esa destrucción en ciernes. Y
si ni por esas… pues a tomar. Nadie merece que sacrifiques tu salud, tus ánimos
e ilusiones. Además de que es muy fácil discernir cuando ha llegado el momento
en que la cantidad de mal rollo supera con creces las cosas positivas y la
felicidad.
Así
pues, solo queda reforzar al máximo nuestra creatividad, e intentar que esa destrucción
en ciernes se quede en una leve amenaza, se ha mascado la tragedia… pero no ha
pasado nada!