miércoles, 22 de mayo de 2013

Facetas


Llevo unos días pensando en el por qué de muchas de nuestras acciones. De por qué nos comportamos de un modo u otro según la situación, si responde a un patrón menos inamovible que nuestra forma de ser (aunque ya trataba en la anterior entrada que no es tan inamovible) o si por el contrario es hasta fortuito.

Por todo esto he llegado a una pequeña conclusión, que no es ni más mi menos la típica dicotomía presente en todos los aspectos de nuestra vida, en todas las culturas: bien y mal, yin y yan, 7A o Nigthstick (esta solo para frikis). Dentro de nosotros mismos tenemos dos aspectos, dos facetas contrarias que conforman nuestro todo. En función de cual de esas dos facetas nos domine más, nos comportamos de un modo u otro. Y lo más interesante es como influyen esas facetas en los demás, ya no tanto en nosotros mismos. Exteriorizar esas facetas es el proceso de interactuar con el resto de personas, de animarlas o desanimarlas. Y también debemos tener en cuenta cuanto nos afecta cuando proviene del prójimo.

A la primera de estas dos la he llamado faceta creativa o constructiva. Es evidente que es la que contiene el positivismo y la esperanza, las ganas de hacer cosas, y la confianza en que saldrán bien. Esta faceta la tenemos que potenciar lo máximo que podamos, eso tan fácil de decir, como siempre, pero no de hacer. Pero como comentaba antes, se puede ver alimentada por el resto también. Y no digo que debamos rodearnos solo de gente positiva, eso parecería un episodio de la casa de la pradera o algo así. Mejor reforzar a los que conocemos para ayudarles a nivelarse, y que sea algo recíproco. Además es la que deja la mente libre para crear, la que te hace disfrutar de las cosas, la que genera felicidad y dicha, que así a botepronto suena muy cursi, pero en el fondo hasta el más oscurito de los metaleros intenta encontrarlas.

Pero en el fondo la que más me interesa analizar es la que denomino como faceta destructiva. Es la que más salta a la vista, y la que más rabia da, la verdad. Cuantas veces nos hemos encontrado con un pensamiento reiterativo que nos ha minado el ánimo, que ha conseguido hacernos desistir de una empresa, o que incluso ha generado una situación insostenible. Es muy difícil luchar contra ella, porque llega a ser enfermiza, y tinta todo de gris, o de negro incluso.

Y lo más importante para mi, es la más peligrosa cuando te llega desde fuera. Esas personas que responden al típico “no te hace ningún bien” o “cambias para mal cuando está”. No quiere decir que la persona en cuestión te ataque y someta voluntariamente, sino más bien que en lugar de alimentarse de lo bueno para reforzar su faceta creativa, se retroalimenta con lo negativo, sacándote “la energía” y manteniendo la negatividad. He visto casos muy jartos de gente que sin darse cuenta, necesita pisar alguna cabeza para no enfrentarse a sus miedos. Si te machaco, no me centro en lo que tengo que solucionar de mi mismo. Podría confundirse con puro egoísmo, pero yo lo veo más como una mala elección del camino. Para que tomar el duro y cansado trayecto a través del autoexamen, mejorando cosas que te hacen verdadera falta, si puedes tirar por ese callejón oscuro y corto en el que dejas un par de cuerpos semimutilados a base de puyas. Siempre he encontrado además esta actitud como inexcusable. Porque estoy mal, porque no me encuentro bien, porque me ha pasado tal o cual putada… no te exime de tratar con respeto. La línea que nunca debes cruzar está justo antes de la esencia de la otra persona. 

Por eso también animo a cualquiera que vea este tipo de casos a ayudar en el refuerzo de esa faceta constructiva para eliminar esa destrucción en ciernes. Y si ni por esas… pues a tomar. Nadie merece que sacrifiques tu salud, tus ánimos e ilusiones. Además de que es muy fácil discernir cuando ha llegado el momento en que la cantidad de mal rollo supera con creces las cosas positivas y la felicidad.

Así pues, solo queda reforzar al máximo nuestra creatividad, e intentar que esa destrucción en ciernes se quede en una leve amenaza, se ha mascado la tragedia… pero no ha pasado nada!

miércoles, 24 de abril de 2013

Dinámicas


En esta entrada voy a hablar sobre una cuestión a la cual el dicho “es fácil decirlo, pero no hacerlo” le encaja perfectamente. Si ya la gran mayoría de cosas sobre las que hablo son complicadas de llevar a buen puerto, o de poner en práctica, esta ya se lleva la palma.

Durante mucho tiempo, y cada vez más con el discurrir de los años oigo en mi entorno una sentencia inapelable: pero es que yo soy así. Yo mismo la he mentado muchas veces, no estoy al margen, pero desde la perspectiva que da escucharla en lugar de decirla, he comenzado a pensar en el verdadero significado de eso.

Nuestra vida es una sucesión de logros, superación de problemas, trabas, complejos; y cada caso alimenta nuestra forma de ser tal y como la conocemos en el instante de pensarlo. Todos hemos sobrellevado una situación incómoda pensando “joder, esto hace X años no lo habría hecho ni de coña”. Y cada vez tengo más claro que el peor enemigo siempre somos nosotros mismos. Esas dinámicas de acción y pensamiento que conforman nuestra forma de ser, son a la vez la máxima definición y la faceta más perecedera de nosotros mismos. Esas dinámicas dictan como te sueles comportar, como reaccionas ante situaciones, la forma en la que creas o destruyes posibilidades a tu alrededor. Y por todo esto, ¡me declaro enemigo acérrimo de las dinámicas negativas! Porque hemos de diferenciar entre las positivas y las negativas.

Evidentemente, una dinámica positiva es la que te lleva a conclusiones que te favorecen, todos esos aspectos de tu vida que has mejorado con esfuerzo, y que han creado una inercia por la cual cada vez es menos complicado continuar la marcha.

Pero esa inercia también se da en las negativas. Si me dieran un euro por cada vez que he escuchado “es que yo soy así, y eso no se puede cambiar”, por lo menos tendría… 10 o 15€. Vale, no son muchos, pero si lo transformamos en personas abandonadas a si mismas, pues la cosa cambia. Y tampoco tengo tantos amigos como para llenarme la cuenta del banco. Estoy bastante harto (y me incluyo como primer causante de mi desesperación) de que el ser de un modo impida tu avance. Si hay algo que no te gusta, pues cámbialo – qué fácil de decir, ¿no? – y continua trabajando en ello hasta que estés satisfecho. Joder, es que soy un perro: pues haz algo, lo que sea. Joder, es siempre me pasa lo mismo: tal vez lo atraes, por tu forma de actuar y pensar ¿qué debería cambiarlo?. Rejoder, es que este tipo de cosas son mi pan de cada día: pues amigo, cambia de vida, porque si tu pan de cada día solo genera quejas y malestar… Y cuidado, lo más fácil siempre es abolir el cambio, y dejarse llevar por la bola de mierda. De hecho, la inercia que antes comentaba tal vez sea más fuerte que en una dinámica positiva. Vivimos en un mundo que es más fácil ir hacia abajo, siempre hacía abajo (y me ahorro la cantidad de chistes crueles que se me han ocurrido).

Además, estamos en un momento de cambio general, a nivel social, económico, mental. Qué mejor momento para favorecer esa transición. Además, en la mayoría de los casos se habla de una determinada conducta, que cuantificando en años, no llega al 30% de una vida. Que sí, que hay ciertas edades más determinantes que otras; que sí, que fue una época corta pero muy intensa. Todo eso está muy bien, pero cuando hablas de tiempo pasados en esos términos, casi los consideras como traumas (o sin el casi), y los traumas también se curan. No vas a estar toda tu vida girando en torno a algo que ocurrió, si puedes evitarlo. Además, relaciónalo con la entrada anterior, examina tu evolución y tu progreso, y verás que vaya… ya no eres como el chavalín ese tímido de mostacho incipiente (joder, ¿por qué no me lo afeité antes de la foto de la orla?), sino que has roto una cantidad de dinámicas que siendo Mr. Gillette no te hubieras imaginado (hasta la foto, que quedará para siempre, puede tener una pequeña visita de San Photoshop).

Como conclusión, y aunque suena a tópico, puedes ser quien quieras ser. Pero como siempre, es cosa tuya. Además, si no lo eres aún… tal vez estás demasiado cómodo teniendo cosas de las que quejarte, en lugar de ponerle solución.

“Be water, my friend” (Ya sé que no pega, pero siempre queda resultón citar al Sr. Lee)

lunes, 25 de marzo de 2013

Reafirmación


Bueno, ha pasado mucho mucho tiempo desde la última vez que escribí. Hay motivos de peso al margen de ser más vago que el suelo, pero por fin me ha dado por retomar esto. Y lo hago con un concepto un tanto difuso, que podría ser una matización de todo lo que he comentado anteriormente, incluso una consecuencia. Me gustaría puntualizar además que con todo lo que me ha pasado últimamente he podido llegar a sacar incluso más y mejores conclusiones, he intentado aplicar todo de lo que hablaba, y estoy contento de haber aprendido que no estoy del todo equivocado (al menos respecto de mi mismo, ya que todo esto puede no ser aplicable a nadie más, que creo que sería lo más lógico), y que se puede utilizar todo. Eso si, hay cosas que son jodidamente difíciles de poner en práctica, lo cual hace el camino a veces un tanto cuesta arriba. Aun así, me voy a servir de esto como herramienta para reencontrar ese camino, para encontrar esa colega esquiva llamada “Normalidad”, que todos tenemos en mente, pero que dudo que hayamos experimentado nunca. ¿Qué es normal? ¿Cuándo hemos estado bien del todo? ¿Realmente es sinónimo de felicidad? Pero bueno, tal vez esto sean reflexiones para otro momento, vamos al tajo.

Lo que yo entiendo por reafirmación, aplicado a la resolución de conflictos internos y problemas, que parece ser la temática que más me ha empujado a escribir, no es más que una ampliación de la “observación” de la que hablaba en el post anterior.

Parte de una búsqueda casi sistemática que tenemos todos de un refuerzo positivo por parte de los demás y de nosotros mismos. Más bien una necesidad. Siempre nos hace mejor el día saber qué hacemos bien, si estamos más o menos guap@s, vamos por el buen camino o somos apreciados por los demás. Pero tal vez ese primer refuerzo debe partir de nosotros mismos. Y nos hablo a un nivel superficial, mirarte al espejo cada mañana y decirte: “Estás to bueno, eres un crack y lo partes ahí donde vayas”. De hecho esto solo lo puedo visualizar o a lo American Psycho o en modo choni poligonero.

Todo esto va más de un examen de conciencia, a lo largo de una resolución de tus conflictos vitales, sobretodo si son especialmente cañeros. Nuestro momento vital suele crear una perspectiva limitada, pues tu mismo te limitas a tu nivel consciente para interpretar lo que te pasa. Pero a veces no viene mal hacer un esfuerzo y mirar en lontananza (no es muy aplicable esta expresión, pero me gusta tanto que me muero por colarla en algún sitio) y ver si realmente estás como estabas. Podría simbolizarlo el crecimiento del pelo. Tu un día piensas que estás igual que el anterior, y que el de antes, y así sucesivamente. Tu mierda mental es igual de grande, tus problemas igual de opresivos y tu avance cercano al 0 absoluto. Además, no te ha crecido nada esa melena lustrosa que tanto deseas llevar.

Pasado un tiempo, sigues teniendo esos mismos pensamientos, esa misma obsesión. Es momento de hacer ese examen de conciencia, de mirar atrás y asegurarte si realmente estás como estabas, si no ha habido ningún cambio. Estoy prácticamente seguro de que algún cambio hay, de que aunque sea leve, has mejorado en alguno o varios aspectos. Sin darte cuenta, te miras al espejo como cada mañana, y joder, tienes un pelazo que te cagas.

Ese es el motivo de que vea importante tomarse un tiempo en reflexionar sobre las pequeñas victorias conseguidas. Ninguna guerra se ha ganado en una sola batalla, se necesitan muchas, grandes y pequeñas, mucho esfuerzo. Así que en el momento de agobio máximo, ese momento en el que te preguntas “¿Cómo puedo seguir así?”, gírate y mira si realmente estás como antes. Y aun es mayor pérdida de tiempo si lo cuantificas con tiempo, pues este tipo de cosas no van al peso. Superar algo de ocurrido en un instante te puede llevar media vida, así como una situación de años te puede durar un fin de semana de fiesta.

Como dicen los ingleses: It’s up to you.

martes, 3 de julio de 2012

Observación

Tiempo ha desde la última entrada, pero bueno, la musa parecía despistada con tanto bochorno. Este es un tema que llevo bastante tiempo en el tintero, y que me parece más interesante que nunca, porque no viene dado por ningún hecho en concreto, sino más por una experiencia vital.

Es evidente a que se refiere, pero muchas veces lo dificil no es observar o aprender de algo, pese a su importancia, sino hacer la criva de lo que es realmente necesario observar. Y también separar de una vez el concepto de observación del hecho de que tenga que ser hacia fuera de nosotros mismos, y buscar un equilibrio. Tanto eso como lo contrario es contraproducente, lo primero implica una falta total de autoconocimiento, mientras que lo segundo nos puede llevar incluso hasta el egocentrismo.

Todo esto pretende ser más una propuesta que una explicación de como lo veo... Teniendo en cuenta el tono de las anteriores entradas, podría estar a mitad camino. Y es que me gustaría incentivar a la observación general, porque conduce al conocimiento, de otros y de nosotros mismos. Hay mucho sobre este tema, disciplinas enteras como el estudio de la programación neurolinguística, pero como todo en este blog, hablo de "nivel de usuario", como si lo pusiésemos en un currículum, que viene a ser que no tenemos ni idea.

A lo largo de los años he comprendido un poco el valor de la observación para la interactuación social, pero sobretodo para dar un pasito para la comprensión, aunque suene un poco grandilocuente, del universo. Esos pequeños detalles que determinan el lenguaje corporal de una persona, pueden ser muy interesantes por lo furtivo de su aparición. Alguna vez he llamado la atención a otra gente sobre los mismos, encontrando casi siempe una gran sorpresa al darse cuenta de que algo llevaba ocurriendo media vida delante suya sin haberse dado cuenta. Esto de forma práctica no tiene mucho valor, es más puramente anecdótico, pero ilustra bastante bien a lo que me refiero. Si lo aplicas al plano emocional, encontrarás detalles que te avisarán de ciertas conductas, te facilitarán el llegar a la gente.

Pero todo esto no tiene sentido si no lo aplicamos en dirección contraria de forma equilibrada. Y esto nos puede ayudar a conocernos mejor, evidentemente, y a superar futuros baches. Si observamos de forma un tanto clínica nuestra evolución frente a un problema, a parte de aprender como evitar errores cometidos, conseguiremos construir un patrón evolutivo de nuestras emociones. Así es más fácil tranquilizarse en momentos de ofuscación, porque vas pasando por los mismos "checkpoints" de siempre. Entra dentro de la acptación de los malos momentos, por tener una seguridad casi absoluta de que va a pasar, lo que nos ayuda a superarlo incluso más rápido.

También ayuda a eliminar conductas reiterativas, espirales mentales eternas que nos sumergen de nuevo en la misma mierda de la que queremos salir. Si sabes que te pasa lo mismo que otras veces, antes de que sea demasiado tarde, podrás atajarlo. Además, sacamos algo en lo que pensar, que siempre es bueno, ir experimentando conscientemente todos los momentos en la evolución de nuestro problema.

Y si por último combinamos las dos, la observación exterior e interior, podríamos conseguir algo muy preciado y dificil de adquirir, perspectiva. Una comparación realista con un baremo un tanto objetivo, puede ayudarnos a cortar ciertos sentimientos autodestructivos sin sentirnos culpables por ello.

Una vez relatado, me da la impresión de que no he hecho más que enumerar obviedades, pero intento que me de igual, tal vez con una mejor perspectiva vería que tiene un valor real. Lo que realmente empiezo a ver es que... da igual.

martes, 17 de abril de 2012

Trabajo Mental

Llevo tiempo planteándome cual es el mejor camino, el más fácil para la superación de un bache. La primera conclusión a la que llegué es que desde luego el más fácil y el mejor rara vez son el mismo. Sin duda, el más fácil es esconder la cabeza y esperar que todo pase. Es fácil porque el esfuerzo consciente que requiere no es muy grande. Es una suma de distracciones e ideas tipo que te repites para no tener que trabajar con tu cabeza. Mejor dicho pelear contra ella. La idea más común y la que veo menos acertada es “el tiempo lo cura todo”. Al menos, falla en algo muy importante: el tiempo por sí solo no hace nada.

Todo esto no es más que la repetición de cosas que todo el mundo sabe, pero que cada vez parece que se empecina más en ignorar. Ese camino fácil no va a obtener resultados a largo plazo, como mucho a corto o medio. Por una sencilla razón, los problemas hay que superarlos, de forma consciente, activa y voluntaria. Y aquí es donde considero que entra el trabajo mental, aunque no deja de sonarme a libro chungo de autoayuda.

Me parece que una forma bastante efectiva de superar un problema es ser capaz de controlar la influencia que tiene sobre nosotros. También es la forma más complicada que encuentro, porque implica esa actitud activa frente al mismo. He ido probando en mi mismo una serie de caminos, y nunca es el mismo el que mejor corresponde a la situación. Lo define la intensidad de la perturbación que sentimos, porque todo sentimiento se trata de una perturbación.

Para un caso leve, lo mejor es cogerlo de frente y trabajar en lo que antes he comentado de aceptación, pragmatismo y demás. Por qué esperar a ver si pasa, si aunque duela, podemos agarrar el toro por los cuernos, y después de un par de ostiazos contra la barrera, conseguimos tranquilizarlo. Para eso lo más importante es saber hacer un examen de tu situación y evaluar cuanto puedes aguantar. Así sabremos si lo que nos ocupa es un caso grave, con lo cual tendremos que buscar una salida.

Aquí llegamos a lo que para mí es la parte más importante del trabajo mental. Y se trata de saber parar la mente cuando nos sea necesario. Parece algo muy utópico y complicado, relacionado con la meditación, dejar la mente en blanco y demás. No voy por ahí, es algo que no controlo ni he sabido hacer nunca, aunque tampoco me he planteado el hacerlo. Así a priori y sin práctica, no creo que nadie pueda dejar la mente en blanco (la típica coña del: a ver… mente en blanco, mente en blanco… ¡ya está! Oh no, eso es pensar… ¡ya está! Oh no… zZZzzZZzz). He encontrado mucho más productivo pensar intensamente en otra cosa, ya sea positiva, negativa o indiferente.

La imagen sería la siguiente: tu problema te ocupa toda la cabeza, como un telón de fondo, una masa viscosa al final de tus pensamientos, que late y emponzoña todo lo demás. Mientras estás activo, trabajando, estudiando, incluso viendo la tele, no es más que ese ruido de fondo, molesto pero inevitable. Pero en el momento en que vuelves a pensar en ello, se convierte en un estruendo, te ataca los nervios y comienzas a dar vueltas y vueltas a todo vertiginosamente. El momento más propenso al día para mí siempre ha sido por la noche, antes de dormir (de ahí el nombre del blog), y es cuando no existe ninguna distracción más que la que tú te proporciones. Entonces comienza el verdadero trabajo mental. Esa idea perjudicial comienza a tomar proporciones hercúleas y tu vida se convierte en una mierda. Pero el fallo lo veo en dejar que crezca. Es como si tuvieras unos “ojos mentales” que ven todo lo que ocurre en tu cabeza,  este problema está fuera de la vista. Si miras a un lado lo ves de reojo, pero no tienes porque girarte y enfrentarte a él. Aun no. Mira de reojo, y siente tu reacción. Si ves que no lo puedes aguantar, te hierve la sangre y no puedes soportarlo, vuelve la vista al frente, a lo que sea. Lo que te haya pasado en el día, lo que te apasione, lo que tienes pensado hacer al día siguiente, cualquier cosa que te haga reflexionar. Si es algo bueno y bonito (y por qué no, barato), mejor que mejor. Solo con el esfuerzo de pensar en eso, ya estarás consiguiendo una distracción importante, aunque no llegues siquiera a pensar en el tema en sí.  Y con suerte y algo de cansancio, te dormirás en el proceso.

Y así, vas repitiendo eso hasta que llegue el día en que lo puedas mirar de frente. Tal vez sea algo paulatino, poco a poco podrás girarte un poco más en esa dirección. Pero dos cosas están claras, ese día llegará, y tú puedes con ello (incluso intentar aprehender esto puede ser una distracción).
También puedes aplicar esto para parar círculos viciosos de pensamiento, sobre todo si no te llevan a ninguna conclusión nueva. Cuando llegues más de dos o tres veces al mismo punto, memoriza el resultado, y en cuanto sientas el comienzo de la misma cadena de pensamientos, trata de saltar directamente a esta conclusión. Al par de veces de hacerlo, desecharás con facilidad esa línea de pensamiento, y te ayudará a limpiar la mente de la sobrecarga.

En conclusión, mediante un trabajo mental fuerte y activo (que se consigue rápido y fácil con práctica) puedes ir superando lo que sea, dentro de unos límites humanos, no me voy a erigir como el Solucionador 3000 de Traumas Mentales. Solo tienes que practicar el ser capaz de superarlo cuando seas lo suficientemente fuerte para eso, que sí que lo proporciona el tiempo casi de forma gratuita, pero siempre siendo consciente de que los problemas no se esfuman, nunca, ni con tiempo, ni con distracción, tienes que trabajar en ello, así como un raspón en la rodilla no se cura solo, sino que el cuerpo tiene los mecanismos necesarios para conseguirlo.

viernes, 13 de abril de 2012

Pragmatismo

Y vamos con otra palabra de sobra conocida por todos. Además, para mí lleva implícito algo así como la sabiduría, ser pragmático creo que siempre es una sabia decisión, aunque no lo parezca. Y es que conforme más problemas te van ocurriendo, más te das cuenta de la importancia de valorarlos en su justa medida, y optar por la solución más útil.

Por otro lado, buscar el pragmatismo en el día a día puede conllevar un estado natural de relajación frente a la vida. Puede no ser pragmático el perder tiempo con algo que ya ha ocurrido, que no se puede cambiar, que no tiene vuelta atrás. Puede no serlo tampoco el esperar eternamente que algo ocurra, sin poner la vista al frente y continuar avanzando. Todo esto está muy interrelacionado con el tema de la aceptación de la que hablaba antes. Ser pragmático te ayuda a buscar la solución más eficiente a cualquier tema.

La relajación antes mentada no es otra que la que nos trae el saber que no hay nada presupuesto, y que cuando llegue el momento decidiremos en consecuencia. Para qué sirve plantearse si algo va a ocurrir o no, cómo va a ocurrir, etc. Se puede trabajar en sopesar los diferentes resultados, aprehenderlos, y seguir funcionando hasta que la cuestión se nos plantee por sí sola. Entonces decidiremos, y sabremos que la decisión será la apropiada, si nosotros lo sentimos así. Cada uno es capaz de hacer un examen de conciencia y saber cuándo se ha hecho algo con intención de perjudicar a alguien (con maldad si se prefiere así) y cuándo no. Por tanto, defiendo que toda decisión tomada desde el interior, sin esa maldad, es la apropiada, y sin entrar en términos de correcto o incorrecto.

Recapitulando, el pragmatismo nos ayuda a valorar de una forma un poco objetiva, punto de vista muy necesario cuando se trata de la mente. Problemas muy grandes no lo son tanto cuando te dedicas a entenderlos en su total magnitud, y esa magnitud les da una forma finita, otorgándonos el don de ver más allá. Porque muchas veces el mayor problema no es este en sí, sino el hecho de no ver el final. Cuándo acabará esto, por qué sigo así, debería haber pasado, etc. Esas preguntas me las he hecho una y mil veces, y nunca tienen respuesta, porque no existe. No te despiertas un día y exclamas: “¡Todo solucionado!”. Ale, anoche estabas que te morías, pero hoy por fin estás de lujo. Lo que más cuesta es ser consciente del avance, tú no notas que tu pelo crece, pero cada día lo tienes un poco más largo. Pasa desapercibido y de repente tienes que cortártelo. En cambio, cuando es algo que te levantas cada mañana pensando, y cada noche antes de dormir tienes tu sesión de rallazo, es muy difícil desapegarse para contemplar los avances. Y la metáfora del pelo es un poco inexacta, porque crece lenta e inexorablemente, a más o menos la misma velocidad, pero siempre hacía delante. Es algo continuo, todo lo contrario a cualquier tema mental.

Tal vez tiene que ver más con un aprendizaje, pues no aprendes de golpe y para siempre, es algo que vas adquiriendo, mejorando, tienes tus días malos y tus días buenos, hasta que al final, dominas lo que te estés proponiendo. La mente puede que actúe del mismo modo, aprendes a vivir con ello, pero no es un hecho puntual y absoluto. Tienes que trabajar y trabajar hasta que eso forma parte de tu vida.

Y volviendo, para concluir, al pragmatismo, voy a parafrasear a un amigo que me ha dicho hace nada una gran verdad. Si tienes buenos momentos, ser pragmático es fácil, porque es sencillo aprovechar la situación para lo que sea. Tienes motivación, energía, bienestar. Pero cuando la cosa va mal… tendemos a encerrarnos, no querer saber nada de nadie ni de nada… entrar en un standby hasta que todo pase y podamos salir del caparazón, desperezarnos, y seguir nuestra bonita vida. Pero igual que decía que hay que aceptar tanto los buenos como los malos ratos, y ser consciente de que ambos son necesarios, como dice mi amigo, podemos aprovechar esos malos ratos de una forma increíble, porque son explosiones de creatividad. Sin problemas y malos ratos, seguramente las mejores obras de arte, las mejores canciones, poemas, novelas… no se habrían escrito. De hecho, sobre todo en la música y la poesía, parece que se componga más al desamor y la depresión, que a la alegría y la dicha.

Pragmatismo también puede ser encontrar lo bueno que hay en lo malo, y utilizarlo para mejorar.

sábado, 7 de abril de 2012

Aceptación

Como primera entrada, no se me ocurre mejor tema, porque es la palabra que más he repetido en los últimos meses. Para mi tiene un significado completo, ampliado por lo que he observado tanto dentro como fuera de mi mismo. Sus acepciones son de sobra conocidas por todos, es una palabra común, pero la carga intrínseca es mucho mayor de lo que me había parecido hasta ahora.

Cuando te planteas aceptar algo (una situación, un acontecimiento, un sentimiento), es muy fácil hablar. "Bah, tengo que aceptar esto y ya está". Pero lo que realmente conlleva esta afirmación es muy grande. Plantearme todo esto me ha llevado a pensar en qué provoca la mayoría de problemas que se suelen tener, y he llegado a la conclusión (ni mucho menos la más acertada, y sobretodo, puede que simplista) de que la causa más común es una falta de aceptación de lo que está ocurriendo.

Si te ocurre una cosa, simplificando la infita gama de grises, tienes dos posibilidades: que sea algo bueno, y que sea algo malo. 

Lo bueno, es muy fácil de aceptar, es beneficioso; te provoca placer, satisfacción. Puedes vivir con eso, porque de hecho te hace más fácil vivir. No nos planteamos casi nunca el por qué ha ocurrido, porque nos basta con que pase. Pensamos que tiene que ser así, lo correcto y normal es que pasen cosas buenas. DEBE ser así.

Lo malo, ya no es tan fácil de aceptar. En diferentes niveles, puedes pasarte días, meses, años o vidas enteras para aceptar algo, y puede que no lo consigas nunca. Pero es que entonces no nos centramos tanto en cómo superarlo, pues lo que ocupa gran parte de nuestra concentración es darle vueltas y más vueltas al por qué de esa situación. Aquí vendría a aplicar una máxima tan conocida que suena hasta ridicula, pero que encierra una verdad como un templo: si el problema tiene solución, para qué preocuparse; si no la tiene, para qué preocuparse. Con esto en mente, se le puede dar las vueltas necesarias a descubrir qué ha ocurrido, y por qué ha ocurrido. Si después de unas cuantas vueltas no se llega a una respuesta satisfactoría, la verdad podríamos dejar de pensar, porque no llegaremos a nada más. Si encontramos la respuesta satisfactoria, tampoco tiene sentido darle más vueltas, ya lo tienes.

Por tanto, y sabiendo en todo momento que "dejar de pensar" es de todo menos fácil (aunque si se practica, se puede conseguir hasta cierto punto, y no es sino otra cara de una distracción pura y dura), hemos llegado a un final en el pasillo mental que estamos recorriendo, y tenemos que escoger entre dos puertas: una nos lleva de nuevo al principio del pasillo, y acabas cansado de cruzarla; la otra nos lleva a la aceptación del problema en sí. 

Y esta aceptación pasa por dejar de perder tiempo dándole más vueltas a lo anteriormente escrito. Ya sabes por qué ha pasado, céntrate en aceptarlo, hazlo parte de tu vida, de tí mismo. Ya forma parte de ella aunque no quieras, y no puedes olvidar, no puedes evitarlo. Tarde o temprano saldrá y encima te deprimirá la sensación de "pensaba que estaba bien, que había mejorado mucho, pero no es así". Si llegas al punto de que no sabes ese por qué, pues sáltate el paso y ve directamente a la casilla de "aceptar". Es más, cuando pasa algo malo, es mejor dejar de plantearse que no se debería estar mal. Estás mal y punto, necesitas ese periodo de mierda mental, es parte de tu aceptación. No vale la pena plantearse el "joder, es que no debería sentirme mal". 

Ese periodo es necesario, y últimamente lo estoy comparando con el hecho de comer. Cuando ingieres algo ligero, la digestión es suave, casi imperceptible. Tu cuerpo no tiene dificultad en procesarlo todo y eliminar lo que sobra. Pero cuando te pegas un atracón, la digestión es pesada. Ese proceso se hace lento y tortuoso, y por supuesto tiene fin. Además, no te preguntas muy a menudo cuanto tiempo más va a tardar, porque sabes que pasará, y veo un paralelismo exacto a nivel emocional y sentimental. Cuando te pasa algo muy leve, apenas le das un par de vueltas, pero con algo grave, el camino se hace tortuoso. Asimilar esto es un paso muy importante. Así que lo único que se me ocurre es decir: paciencia.

Como conclusión, rápida y sintetizada, he llegado a entender que el esfuerzo debe dedicarse a aceptar algo, saber que ya forma parte de tí, y que lo hará siempre. Así conseguirás avanzar mucho más rápido, seguro.

Tal vez sea una visión muy simplista, pero me sirve de toma de contacto, y no está (como ya he avisado) nada organizado ni pensado. Es poco más que un vómito mental de todo lo que me pasa por la cabeza. quiero seguir revisando y ampliando este concepto, porque tiene matices muy interesantes, y que a mi me han sido muy útiles. Ya seguiré el tema cuando me apetezca, que el perrismo es traicionero, y encima me hace no concluir esto como me gustaría.