sábado, 7 de abril de 2012

Aceptación

Como primera entrada, no se me ocurre mejor tema, porque es la palabra que más he repetido en los últimos meses. Para mi tiene un significado completo, ampliado por lo que he observado tanto dentro como fuera de mi mismo. Sus acepciones son de sobra conocidas por todos, es una palabra común, pero la carga intrínseca es mucho mayor de lo que me había parecido hasta ahora.

Cuando te planteas aceptar algo (una situación, un acontecimiento, un sentimiento), es muy fácil hablar. "Bah, tengo que aceptar esto y ya está". Pero lo que realmente conlleva esta afirmación es muy grande. Plantearme todo esto me ha llevado a pensar en qué provoca la mayoría de problemas que se suelen tener, y he llegado a la conclusión (ni mucho menos la más acertada, y sobretodo, puede que simplista) de que la causa más común es una falta de aceptación de lo que está ocurriendo.

Si te ocurre una cosa, simplificando la infita gama de grises, tienes dos posibilidades: que sea algo bueno, y que sea algo malo. 

Lo bueno, es muy fácil de aceptar, es beneficioso; te provoca placer, satisfacción. Puedes vivir con eso, porque de hecho te hace más fácil vivir. No nos planteamos casi nunca el por qué ha ocurrido, porque nos basta con que pase. Pensamos que tiene que ser así, lo correcto y normal es que pasen cosas buenas. DEBE ser así.

Lo malo, ya no es tan fácil de aceptar. En diferentes niveles, puedes pasarte días, meses, años o vidas enteras para aceptar algo, y puede que no lo consigas nunca. Pero es que entonces no nos centramos tanto en cómo superarlo, pues lo que ocupa gran parte de nuestra concentración es darle vueltas y más vueltas al por qué de esa situación. Aquí vendría a aplicar una máxima tan conocida que suena hasta ridicula, pero que encierra una verdad como un templo: si el problema tiene solución, para qué preocuparse; si no la tiene, para qué preocuparse. Con esto en mente, se le puede dar las vueltas necesarias a descubrir qué ha ocurrido, y por qué ha ocurrido. Si después de unas cuantas vueltas no se llega a una respuesta satisfactoría, la verdad podríamos dejar de pensar, porque no llegaremos a nada más. Si encontramos la respuesta satisfactoria, tampoco tiene sentido darle más vueltas, ya lo tienes.

Por tanto, y sabiendo en todo momento que "dejar de pensar" es de todo menos fácil (aunque si se practica, se puede conseguir hasta cierto punto, y no es sino otra cara de una distracción pura y dura), hemos llegado a un final en el pasillo mental que estamos recorriendo, y tenemos que escoger entre dos puertas: una nos lleva de nuevo al principio del pasillo, y acabas cansado de cruzarla; la otra nos lleva a la aceptación del problema en sí. 

Y esta aceptación pasa por dejar de perder tiempo dándole más vueltas a lo anteriormente escrito. Ya sabes por qué ha pasado, céntrate en aceptarlo, hazlo parte de tu vida, de tí mismo. Ya forma parte de ella aunque no quieras, y no puedes olvidar, no puedes evitarlo. Tarde o temprano saldrá y encima te deprimirá la sensación de "pensaba que estaba bien, que había mejorado mucho, pero no es así". Si llegas al punto de que no sabes ese por qué, pues sáltate el paso y ve directamente a la casilla de "aceptar". Es más, cuando pasa algo malo, es mejor dejar de plantearse que no se debería estar mal. Estás mal y punto, necesitas ese periodo de mierda mental, es parte de tu aceptación. No vale la pena plantearse el "joder, es que no debería sentirme mal". 

Ese periodo es necesario, y últimamente lo estoy comparando con el hecho de comer. Cuando ingieres algo ligero, la digestión es suave, casi imperceptible. Tu cuerpo no tiene dificultad en procesarlo todo y eliminar lo que sobra. Pero cuando te pegas un atracón, la digestión es pesada. Ese proceso se hace lento y tortuoso, y por supuesto tiene fin. Además, no te preguntas muy a menudo cuanto tiempo más va a tardar, porque sabes que pasará, y veo un paralelismo exacto a nivel emocional y sentimental. Cuando te pasa algo muy leve, apenas le das un par de vueltas, pero con algo grave, el camino se hace tortuoso. Asimilar esto es un paso muy importante. Así que lo único que se me ocurre es decir: paciencia.

Como conclusión, rápida y sintetizada, he llegado a entender que el esfuerzo debe dedicarse a aceptar algo, saber que ya forma parte de tí, y que lo hará siempre. Así conseguirás avanzar mucho más rápido, seguro.

Tal vez sea una visión muy simplista, pero me sirve de toma de contacto, y no está (como ya he avisado) nada organizado ni pensado. Es poco más que un vómito mental de todo lo que me pasa por la cabeza. quiero seguir revisando y ampliando este concepto, porque tiene matices muy interesantes, y que a mi me han sido muy útiles. Ya seguiré el tema cuando me apetezca, que el perrismo es traicionero, y encima me hace no concluir esto como me gustaría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario